Divorcio. Tocados de por vida.






En Argentina, nunca se divorció tanta gente. Ni siquiera cuando salió la ley de divorcio vincular, allá por el 87 que prometía cortar por lo sano con tanta infelicidad. Si bien las modificaciones al Código Civil facilitan la tarea llevándolo a un simple trámite express eliminando el consentimiento de parte, con datos aportados por los Registros Civiles: sale un divorcio cada dos horas.
Casi como una consecuencia natural a ésta cifra, los matrimonios descendieron de 45 por día (en Capital Federal) a menos de 24. Y la aguja sigue hacia abajo.
Las que se mantienen en pié son las uniones civiles, quizás como una etapa de prueba (o no) a tanto aparente campo de espinas.


Por qué pasa lo de los divorcios?

Para Georgina Binstock, investigadora del Centro de Estudios de Población CONICET, la unión civil suele consolidarse más rápido y con ello ven innecesaria la legalización de ese compromiso en un matrimonio”

Para algunos psicólogos de terapias familiares y parejas, las parejas encuentran una mayor libertad en los vínculos y una necesidad (concreta o aparente) de romper convencionalismos. Dentro de esa libertad también se encuentra la aceptación social a las relaciones prematrimoniales, lo que define no tener que llegar al matrimonio para consolidarlas, como en décadas pasadas.

Eduardo Drucaroff, psicoanalista familiar acota: hay una diversidad mucho más grande de tipología de hogares, especialmente en la clase media, a la que se ha tomado como prototipo como si fuese una visión generalizada.

Y remarca, para los casos que llegan hasta el final del recorrido: Si no, lo mejor que pueden hacer es un adiós inteligente de los dos. No es el fin del mundo.

Me preguntaba, importan las causas en un divorcio? Importa si hubo suegras metidas, infidelidad, diferencias económicas que nunca se hablaron, incomunicación o comunicación deficiente, monotonía, rutina, inmadurez, ruptura de la “burbuja perfecta”, celos, baja autoestima, expectativas personales y grales. que no se cumplen, falta de compromiso emocional y por qué no, el final del amor?



En el Código Civil con nueva reforma, ya no importa la invocación de causas para divorciarse.
Aunque apartando el libro de leyes, a la mayoría le pasa que llegar al divorcio le resulta una situación dolorosa, un fracaso de los que dejan huellas.
Aparecen la culpa, la traición, la lástima, el rechazo, las contradicciones, las dudas, los enojos, el respeto o la falta de éste, la pulseada con los cambios, el miedo, el arrepentimiento... Imagino que cada cual tendrá para agregar a la lista.

Nadando en éstas aguas teóricas del divorcio, le pregunté a Mariano Pelado, padre católico practicante escritor del blog https://dicenquesoypapa.wordpress.com/, parte de la red mundial de padres bloggers #papasblogueros,  su visión y la visión practicable de la Iglesia Católica sobre el divorcio y matrimonio. Existen muchísimos católicos en el país.


                                                      Gracias por tu aporte Mariano!


La Iglesia no está en contra de la separación física ni del divorcio, haya o no hijos, por diversos motivos. Dios nos crea por Amor y para amar. El Matrimonio no es una obligación para todos (cic 1618-1620). Es la voluntad expresada libremente, por un hombre y una mujer por entregarse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. Se crea un matrimonio perpetuo y exclusivo. Dios ratifica el consentimiento, por tanto nunca podrá ser disuelto (cic 1638-1642). Y se otorga así la Gracia.
La Libertad hace al hombre responsable de sus actos, si son voluntarios, aunque la responsabilidad puede quedar disminuida o anulada por la ignorancia, inadvertencia, violencia soportada, miedo, afectos desordenados o hábitos (cic 1734-1737-1745-1746)
La Iglesia dispone de grupos de matrimonios especializados en ayudar a los que en ese momento lo están pasando mal e intentar reconducirlos (la Gracia a veces viene por mano de terceros que Dios pone por medio) y salvar lo que puede ser un desastre para los hijos.
En una separación los hijos, seres independientes a nosotros, al Matrimonio, con sus propios sueños e ilusiones, son los que más sufren y ver que papá y mamá ya no están juntos es lo peor.
Los dejamos tocados de por vida.


Muchas veces las parejas no desarrollaron la capacidad de refrescar el vínculo, reinventar la relación y ante esa frustración, no se llega a durar ni 5 años.
Como suele decirse, la peor parte se las llevan los chicos, si hubiesen. La peor parte se las llevan cuando están en el medio de un tironeo de situaciones que los padres como adultos, no alcanzaron a resolver para seguir con sus vidas.
Sabemos que en los hijos, no importa la edad, los dolores están tan presentes como en los padres. Los más chicos pueden sentirse confusos, generar sensibilidades extremas, desanimados( quién no..?) irritables. Entre 8 y 10 años quizás demuestren comportamientos regresivos como mojar la cama y si tenemos hijos adolescentes pueden aparecer claros rencores, volverse desafiantes, desmotivados, con su comportamiento académico afectado y cargados de apatía.
Sumado a éste huracán devastador, si existen inconvenientes legales por tenencias la situación se complica. Si el padre desaparece o se despreocupa, las puertas del infierno se abren.
La confianza desaparece, la culpa intentará dominar, y muchas, la mayoría de las veces, pensarán que no merecen el amor de sus padres ni del resto de su familia.

Para muchos será el comienzo de muchos años de psicólogo, para otros, la entrada a la armadura.
De seguro, será el inicio de un cambio de vida.
Asimilar que la familia se quiebra es como mínimo doloroso. Para algunas personas divorciarse será una etapa de liberación, pero intuyo, tendemos a tratar con banalidad sentimientos, personas, momentos de nuestra vida y la misma recetas en otros.
Y cuando el divorcio sucede, me aparece el escenario de una ciudad devastada por un bombardeo, y uno contemplando las bloques rotos y las paredes derrumbadas, el silencio, la estaticidad de mirar todo preguntándose como encontrar cada pedazo de lo que era y reconstruir.
Porque la vida sigue. Nosotros nos detuvimos por aquel golpe.

Cómo concluir éstos pensamientos?
Sintiendo que cada cual tiene un camino por recorrer, cada cual sortea los pozos como puede. Cada cual se carga en los hombros a sí mismo.
En mi muy personal percepción, mi mujer y mi hijo le dieron y le dan un sentido hermoso a mi vida. Un camino que me gusta recorrer con ellos. Los necesito conmigo.

Entonces, cuánto dura el amor? No lo sé, pero hay! de aquel que no necesite a nadie.
















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