Mi padre es un nubarrón negro




Creen en las casualidades? Me encontré leyendo un muy interesante artículo de un psiquiatra americano, el Dr. Richard A. Friedman,  profesor de psiquiatría del Weill Cornell Medical College sobre los padres tóxicos.
A la vez, llegaba a mis oídos información del mundo de la auto ayuda (que a veces miro con un ojo cerrado) sobre padres vampiros.

Qué..?
Padres vampiros. Padres vampiros emocionales. Gente, que a parte de ser padres se alimentaba de las emociones de sus hijos de manera incorrecta, malsana, tóxica. Educando rehenes casi de por vida.

He aquí un puente entre temas.

Y apareció una frase que definió las situaciones y generó identificaciones: “Mi padre es un nubarrón negro en mi vida”

El Dr Freedman supo explicar que “Es inexacto asumir que los padres estén siempre dispuestos a amar a sus hijos. Las personas tienden a querer salvar sus vínculos afectivos, aunque éstos sean destructivos, dañinos, muy por encima de lo sano y deseable”

Muchas veces se crea  un circuito nocivo entre padres e hijos, un alimento vampírico y disfuncional que por supuesto no brinda las mejores cosas de la vida para ambos. Autoestima que no se forma ni se transmite correctamente, fragilidad en las emociones (que suelen estar a flor de piel), inmadurez, oportunismo, manipulación.


La abuela Maria, MI abuela Maria, que duró hasta los 99 jamás dejó de intentar clavar los colmillos a mi vieja. Embate tras embate, año tras año. Niñez, adolescencia, juventud. Solo entonces entendí como mi madre ponía el cuerpo, su fortaleza y su voluntad como lo hacen los guardaespaldas. Jamás pude  formar un vínculo con Maria, aunque nos merodeó de cerca y a la distancia. No la vi por décadas. La muerte no fue benéfica con ella. Quizás la vida tampoco. Fue vampiresa, veneno y nubarrón. Todos podemos elegir.
A cada cual su exorcismo.

Freedman incluyó una diferencia drástica en éstos casos. “Al contrario que los niños, los adultos conservan la habilidad de renovar sus cerebros a través de nuevas experiencias, incluidas la terapia y la medicación psicotrópica.
El estrés prolongado por traumas en niños, puede ser tóxico para sus cerebros a nivel celular en el área del hipocampo, que es importante para la memoria. Esto no es indeleble, No se le puede borrar la historia al niño pero se le puede ayudar a quitar estrés a su cerebro.”

Un patrón común, tóxico, vampirico, que crea nubarrones en los hijos es la exclusión de uno de los padres en la relación. ”Mamá/papá no te quiere por eso trabaja mucho tiempo, o no te llama, o no te quiere ver, etc,” Damas y caballeros, se ha formado un ser dependiente.
Otras veces son rasgos de envidia consciente o inconsciente de las madres hacia las hijas enmascarado en un cuidado excesivo.
Otras veces el nubarrón es tan claro y concreto como la descarga de la frustración sobre los hijos.
Otras, mamá o papá proyectan sus deseos desaforados, irreales, ideales y crean objetivos y metas que pueden desde borrar la infancia a darse cuenta que se siguió un mandato que no fue propio (M’ hijo el dotor)*

Casos más leves son los de padres que se aferran a la adolescencia de sus hijas (y la viven y se visten como tal) o son “muy amigos” de sus hijos, tratándose de juntar con amigos, participar en experiencias propias de otra juventud o usando un lenguaje que no le cuadra a un tipo de 40.
No voy a descubrir la pólvora. Los hijos quieren padres.
Amigos se los eligen ellos. Tarde o temprano esa verdad tocará nuestra puerta.
Los lazos afectivos hacen lo propio, enlazarnos, unirnos, vincularnos. Pero a veces el lazo nos ahorca o aprieta o es tan débil que se nos sale.

No podemos “cenarnos” a los hijos porque fuera del mundo de la piel y los huesos la plasticidad, sutileza y poder de las emociones de otros, SON de otros. Después de todo, la vida del vampiro siempre fue el sueño de un muerto y el “Drácula” de Bram Stoker resultó una historia de amor golpeado de tragedia.
La buena noticia sobre la toxicidad es que puede ser DESINTOXICADA. Allá Uds. con los métodos, los tiempos y las relaciones.

Y no quisiera convertirme en el nubarrón negro que se le pega a la vida a mi hijo o a cualquier otra persona que ame porque de soles está hecho el amor. De un buen día con calorcito, apenas viento y la sonrisa de tu hijo persiguiendo una pelota y trayéndotela como trofeo de amor, como certificado que lo estás haciendo bien.

Creen en las casualidades?
Creo que nada pasa por casualidad. A veces vemos el dibujo de la vida y a veces no. Ni un hijo ni un padre se justifican en la casualidad.
Mirá tu cielo.
Te deseo que no haya nubes.


*Expresión conocida en Argentina, proveniente de antigua obra teatral nacional (1903) escrita por el dramaturgo Florencio Sanchez que hace referencia al choque generacional.



Comentarios

  1. Que bueno, pero que bueno. Me ha encantado. Sencillamente sensacional. Y qué de acuerdo estoy. En realidad este post podría ser el primero de una larga serie porque veo muchas ramificaciones, todas ellas útiles y reveladoras. Que pluma tan ágil y acertada. Enhorabuena por este post.

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