Encerrados. Padres en situaciones inusuales.







Unos días atrás vi con mi mujer “ La habitación” (Room-Irlanda 2015) dirigida por Lenny Abrahamson   http://www.imdb.com/name/nm1049433/?ref_=fn_al_nm_1 


y pudimos confirmar porque Brie Larson está nominada a Oscars 2016 como mejor actriz. Incluso no entendemos como Jacob Tremblay, el niño en cuestión en el film no lo está.
Pero éstos son apenas accesorios a la cuestión central. Hombre rapta y encierra en minúscula habitación o cobertizo a chica, la viola por años y en uno de esos años tiene un hijo. En contra de todo pronóstico de odio, ella se aferra a ese niño (Jack) como la única tabla de salvación en el peor naufragio.
Y por años Jack conoce y cree que esa habitación es el real universo. Casi como lo creería cualquier niño a los límites físicos de su propia casa. Pero en éste la desesperación, la asfixia, la violencia resistida, son manejados magistralmente por su mamá para darle una coherencia soportable a la realidad de su hijo.
Hasta que como en cualquier realidad violentada una oportunidad trata de equilibrar la situación.
En fin, nos preguntábamos como muchos otros padres y madres mantienen la coherencia en realidades que en la superficie están calmas y en la profundidad baten un huracán.
Para casos excepcionales como los de un secuestro y para otros muchísimo más domésticos
.
A Room le encontré ciertos puntos de conexión con aquella otra historia monstruosa en Austria que salió a la luz en el 2008 pero comenzó en 1984
Desde esa época, el ingeniero de 73 años Josef Fritzl de la ciudad de Amstetten, violó sistemáticamente a su hija Elisabeth, la encerró en una celda y tuvo 7 hijos con ella.
Ante la ausencia de su hija, Fritzl explicó  a las autoridades que se había fugado gracias al lavado de cerebro de una secta. Sus hijos vivian en aquel calabozo sin luz junto a su madre.
El séptimo hijo falleció por la malas condiciones del lugar y su cuerpo habría sido quemado para que no hubiera evidencia.
Fueron descubiertos cuando la niña mayor Kerstin, tuvo que ser llevada de urgencias a un hospital y allí le encontraron una nota de auxilio en la mano.


                                                                   Papá  Fritzl


Con el encierro como regla Crystall Moselle dirigió “The wolfpack” ( La manada de lobos), un documental que cuenta la historia de los Angulo, una familia que tuvo encerrados a sus 7 hijos en el departamento del Lower East Side  de Manhattan por 14 años.
Hasta que los muchachos decidieron escapar.
Oscar es peruano y conoció a Susanne en Machu Pichu.
Oscar seguía las enseñanzas de Krishna
Por esos, sus hijos se llamaron Bhagavan, Govinda, Narayana Mukunda, Krisna, Jagadisa y Visnu.
Oscar tenía la única llave.  Nunca fueron al colegio y solo seguían la educación impartida por su madre y películas. Amaban las películas.

“Creo que la intención de nuestro padre fue protegernos de los peligros del mundo exterior. Nunca nos alentaron a comunicarnos con la sociedad”—comentó en una entrevista a la BBC, Mukunda


                                                           
                                                                   Oscar y familia

“El mundo dentro de nuestro departamento era todo el mundo, era la norma. Pero fue cuando llegamos a la adolescencia que comenzamos a daros cuenta de nuestra situación”—agrega Narayana.

Entonces, en uno de sus intentos de escape, conocen a Crystall.

“Iba caminando y pasó un chico corriendo. Tenía el pelo muy largo. Luego pasó otro y otro y otro. Levaban anteojos de sol y trajes negros. Me llamó tanto la atención que corrí tras ellos para ver de qué se trataba. Así los conocí.”

Los Angulo escapaban de traje negro y gafas por ser fanáticos de la película de Tarantino “Perros de la calle”.







Tres breves impresiones sobre padres y encierro que quiebran todo viso de normalidad. Bueno, sabemos cuál es la siguiente pregunta.
Qué es la normalidad?
Quizás no tenga la menor idea ni pueda encontrar una buena definición pero que situaciones tan impactantes suceden a una puerta de distancia, en el silencioso anonimato o en la mirada del niñito que nos dice
Quién eres? No perteneces a mi mundo.



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